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Un siglo de entrega y cariño: las Hermanitas de los Ancianos Desamparados celebran 100 años en Barbastro

La congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados cumple este año un siglo de presencia ininterrumpida en Barbastro (Huesca). Durante estos cien años, las religiosas han ofrecido un hogar lleno de cariño y cuidados a las personas mayores más vulnerables del Somontano, manteniendo viva una labor que combina humanidad, fe y servicio.

Sor Monserrat, una de las hermanas que forman la comunidad, ha destacado la importancia de este aniversario, que representa “un día de mucha gratitud a Dios y de esperanza para seguir ayudando a quienes más lo necesitan”.

Un regreso a los orígenes

La historia de la congregación está profundamente unida a la ciudad de Barbastro. Fue precisamente aquí donde, en 1873, el venerable Saturnino López Novoa, canónigo de Huesca, fundó la institución para atender a los ancianos sin recursos ni familia. Sin embargo, pocos meses después, la comunidad se trasladó a Valencia, desapareciendo temporalmente de la localidad oscense.

Cincuenta años más tarde, con motivo de las bodas de oro de la congregación, la entonces madre general decidió regresar a los orígenes. “Se creyó oportuno fundar una casa en la ciudad donde tuvo su origen”, explica Sor Monserrat. Así, las hermanitas se establecieron de nuevo en Barbastro, en el mismo lugar donde todo comenzó, recuperando el espíritu de servicio que inspiró su fundación.

Un hogar para todas las pobrezas

El centro barbastrense, conocido como “Hogar Padre Saturnino López Novoa”, acoge actualmente a 72 residentes, acompañados por cinco hermanas que se dedican por completo a su bienestar. Desde su reapertura en 1926, más de 1.900 personas mayores han encontrado allí refugio, cuidados y afecto.

La misión de las Hermanitas sigue siendo la misma: acoger a personas mayores de 60 años que sufren “todo género de pobreza”. Para ellas, la pobreza no se mide solo en términos económicos. “Tan pobre es un anciano que no tiene dinero, como aquel que, teniéndolo, carece de familia o de quien pueda cuidarlo”, explica Sor Monserrat.

En el hogar, los residentes reciben atención médica, enfermería, podología y acompañamiento espiritual, con el propósito de que vivan “hasta el final de su vida con dignidad, serenidad y cariño”.

Una obra que se extiende por el mundo

Desde su fundación en el siglo XIX, la obra de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados no ha dejado de crecer. Actualmente están presentes en 19 países de los cinco continentes, con 197 residencias activas. En Aragón, la congregación atiende a 857 ancianos en centros de Zaragoza, Caspe, Calatayud, Teruel, Alcañiz, Jaca, Huesca y Barbastro.

“Ojalá pudiésemos ser más hermanas para poder abrir más casas para toda la gente que nos necesita”, comenta Sor Monserrat, reflejando el deseo y la vocación que ha guiado a la comunidad durante más de 150 años.

Un siglo de gratitud y esperanza

Para celebrar este centenario histórico, se ha organizado una eucaristía en la catedral de Barbastro, presidida por el Obispo de Barbastro-Monzón y con la presencia de hermanas de comunidades de Navarra, Cataluña y Aragón.

El acto ha sido, sobre todo, un homenaje a la entrega silenciosa y constante de quienes, desde la fe, dedican su vida a cuidar de los más frágiles.
En palabras de Sor Monserrat, el objetivo sigue siendo el mismo que inspiró a su fundadora, Santa Teresa Jornet:

“Cuidar los cuerpos para salvar las almas”.

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