El Susurro del Abetal
Villanúa recupera parte del emblemático abetal con un recorrido interpretativo repleto de figuras talladas en madera por el artesano José Orduña
Durante más de tres décadas, el abetal de la Fuente del Paco, en Villanúa, ha sido testigo de un proceso de decaimiento que ha transformado de forma irreversible su paisaje. En algunos tramos, más del 50% de la masa arbórea ha desaparecido. Sin embargo, lo que podría haber sido un símbolo de pérdida se ha convertido en una oportunidad para la creación, la concienciación y el renacimiento de la conexión entre las personas y la naturaleza.
El Ayuntamiento de Villanúa, ante los riesgos y la degradación ambiental del entorno, ha impulsado un proyecto de rehabilitación que conjuga arte, naturaleza y educación: un sendero interpretativo formado por veinticinco esculturas de madera creadas por el artesano José Orduña, con la intención de seguir ampliando la colección en el futuro. Las tallas representan elementos de la fauna y flora locales —plantas, animales, setas— y se insertan en el paisaje con una atmósfera que transita entre lo onírico, lo mágico y lo legendario.
“Queríamos transformar la Fuente del Paco y pensamos que las figuras de José Orduña eran la mejor manera de hacerlo”, explica María Béjar, concejal de Medio Ambiente de Villanúa. “Los árboles ahora tienen otra función”.
Y es que la madera utilizada en las esculturas proviene de los mismos árboles del entorno. Una forma de darles una segunda vida. El proyecto se ha llevado a cabo con el apoyo del Departamento de Medio Ambiente y Turismo del Gobierno de Aragón, que ha marcado 120 árboles muertos que están siendo retirados por seguridad.
“El abetal está perdiendo su esplendor”, lamenta el alcalde Luis Terrén. “Pero este sendero va a generar nuevos atractivos en un lugar muy transitado y que siempre ha tenido una magia muy especial. Queremos que eso se mantenga”.
Arte en simbiosis con el bosque
José Orduña, bombero forestal y arborista de profesión, ha dado un giro a su trayectoria desde que descubrió en 2018 su capacidad para esculpir madera con las mismas herramientas que utilizaba en su trabajo. Desde entonces, no ha parado de crear piezas con un estilo orgánico, respetuoso y profundamente conectado con la naturaleza.
“No me considero artista, más bien soy un imitador”, dice. “Observo un águila o una garduña, y ya empiezo a imaginar cómo tallarla. La naturaleza es mi fuente de inspiración constante”.
En la Fuente del Paco, Orduña ha vivido durante un mes completamente aislado. Dormía, comía y se aseaba allí mismo, en conexión plena con el bosque. “Para lograr un determinado nivel de inspiración había que mimetizarse con el entorno”, comenta. Su proceso, lento y minucioso, consistía en aislar el tocón, tallarlo, y después fijarlo de forma segura en el terreno.
Durante ese tiempo, recibió la visita de numerosos vecinos y curiosos, atraídos por la evolución de su trabajo. El sendero invita a reflexionar y a mirar la naturaleza con otros ojos. Figuras como un duende del bosque, un homenaje a los antiguos taladores o el Bosnerau —el legendario guardián del bosque— aportan una dimensión simbólica al recorrido, accesible tanto para niños como para adultos.
“Es un lugar muy frágil y había que intervenir con paciencia y respeto”, reconoce Orduña. “He intentado que no parezca un espacio desolado, sino un lugar lleno de vida y significado”.
Un camino que empezó con amor
La historia de este proyecto comenzó de manera íntima y personal. En 2023, Orduña colocó por su cuenta una primera escultura en la Fuente del Paco, una talla mixta con un águila, un ciervo y el rostro de una anciana indígena inspirada en la película Pocahontas. “Fue un homenaje a Paola Benedí, mi pareja, que me enseñó este lugar tan especial”, explica. El entusiasmo del público ante esa obra fue el germen del proyecto más ambicioso que hoy puede visitarse.
Gracias también a la colaboración del agente de Protección de la Naturaleza José Antonio Sesé, quien aportó ideas y asesoramiento técnico, el sendero ha tomado forma como un espacio de encuentro entre arte, tradición y entorno natural.
José Orduña, que ya ha sido reconocido por su trabajo con premios y nominaciones, sigue sin formación artística formal. Pero su talento, intuición y sensibilidad le han permitido convertir un bosque herido en un paisaje narrativo donde la madera habla, inspira y educa.
La Fuente del Paco ha cambiado para siempre, pero no ha desaparecido su alma. Hoy, entre sus senderos y esculturas, sigue latiendo esa magia especial que la gente de Villanúa siempre ha sentido. Solo que ahora lo hace con nuevas voces talladas en madera, que nos susurran el valor de cuidar lo que amamos.

